Justificación

Durante los últimos años, los usos médicos del cannabis están siendo objeto de una atención creciente, no solo por parte de investigadores y personal sanitario, sino también del público en general. Ello ha sido debido a varios factores, como la mayor abundancia de estudios y publicaciones acerca de aplicaciones medicinales de los cannabinoides, la creciente presencia de esta cuestión en los medios de comunicación, diversas iniciativas políticas, incluidos varios referéndum, para legalizar estos usos en numerosos países del mundo y una mayor visibilidad de todo lo relacionado con esta planta en diversos ámbitos sociales. 

 

Como consecuencia de todo ello, un número cada vez mayor de médicos y pacientes tiene conocimiento de las propiedades terapéuticas y paliativas de los cannabinoides y se interesa por las mismas. Ello ha provocado un incremento en el número de personas que se deciden a utilizar la planta y sus derivados, así como de especialistas que recomiendan a sus pacientes (ya que es imposible extender una receta) el uso de la misma. Aunque se carece de datos fidedignos, se puede afirmar que algunos oncólogos en ejercicio en Catalunya recomiendan el uso de la marihuana para paliar los efectos secundarios de la quimioterapia. 

 

Este mayor conocimiento y uso de las propiedades del cannabis está provocando un incremento en las necesidades de información a este respecto por parte de capas cada día más amplias de la población. 

 

El hecho de que muchas de las personas que prueban el tratamiento por su cuenta perciban rápidamente resultados positivos está empujando a una búsqueda, difícil e insegura, para poder hacerse con las dosis necesarias para abordar el tratamiento. 

 

Sin embargo, la anómala situación legal de esta planta medicinal está provocando diversos efectos negativos. En primer lugar el desabastecimiento, muchas personas no saben cómo conseguir la planta ni poseen los medios, el conocimiento y, sobre todo, el tiempo necesario para poder realizar un cultivo capaz de cubrir sus propias necesidades. 

 

Ello priva a muchas personas que lo necesitan de la oportunidad de aprovechar las propiedades terapéuticas del cannabis. Otras, en cambio, logran acceder a cannabis del mercado negro, que en general suele ser hachís de baja calidad, con un contenido en THC muy bajo y frecuentes adulteraciones, lo que incrementa los riesgos y reduce al mínimo el potencial terapéutico del producto. 

 

Finalmente, la falta de información disponible  hace que muchos pacientes hagan un uso inadecuado, ya que piensan erróneamente que la única vía posible es la inhalación del humo de la planta, así como dosificación incorrecta o uso de las partes de la planta con menor contenido en principios activos. Ya desde el año 1997, a través de la asociación de estudio del cannabis Kalamudia (Euskadi), se ha venido haciendo patente la demanda que existe por parte de las personas afectadas y de quienes les atienden, sean sus facultativos o las personas de su entorno. 

 

Las asociaciones implicadas en el presente proyecto entendemos que la situación actual es injusta. Las evidencias científicas y la experiencia de muchos enfermos y médicos confirman una y otra vez la utilidad de la planta, pero estas evidencias no se traducen en una mayor información o facilidad para el acceso. 

 

Por todo ello, consideramos que ha llegado el momento de comenzar a dar los pasos necesarios para la progresiva normalización de esta cuestión, tarea para la cual la disponibilidad de información abundante y rigurosa al alcance de todos los agentes sociales implicados aparece como una de las prioridades. El presente proyecto intenta cubrir el vacío existente en este terreno y comenzar a avanzar con medidas prácticas que mejoren la asistencia que reciben y la calidad de vida de las personas afectadas. 

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